
El pasado 27 de marzo, desde AFIBROM celebramos una nueva sesión formativa centrada en uno de los grandes retos de las personas con fibromialgia y síndrome de fatiga crónica: cómo cuidarse y mantenerse activas en el entorno laboral. En esta ocasión, contamos con la participación de Sandra Fares Medina, quien ofreció una charla clara, rigurosa y profundamente conectada con la realidad de quienes conviven con estas patologías.
Durante la sesión, se abordó el autocuidado como un elemento clave no solo para mejorar la calidad de vida, sino también para favorecer la continuidad laboral y prevenir recaídas o empeoramientos de los síntomas.
¿Qué entendemos por autocuidado?
El autocuidado se refiere a todas aquellas acciones que una persona realiza de manera consciente para mantener su salud y bienestar. En el caso de la fibromialgia y el síndrome de fatiga crónica, este concepto adquiere una especial relevancia, ya que síntomas como el dolor crónico, la fatiga o las alteraciones del sueño afectan directamente a la capacidad para desarrollar una actividad laboral.
Tal y como explicó Sandra Fares, estas enfermedades implican una mayor necesidad de estrategias de adaptación que permitan compatibilizar el trabajo con el cuidado de la salud.
El entorno laboral: un factor clave
El trabajo puede actuar tanto como un espacio de desarrollo como un factor de riesgo si no se adapta a las necesidades de la persona. Las condiciones laborales influyen directamente en la evolución de la enfermedad: un entorno adecuado puede ayudar a mantener la funcionalidad, mientras que uno desfavorable puede agravar los síntomas.
En este sentido, el autocuidado en el trabajo no es solo una responsabilidad individual, sino también un proceso que implica adaptación, comunicación y, en muchos casos, cambios organizativos.
Estrategias de autocuidado en el trabajo
Durante la masterclass se compartieron diferentes pautas prácticas que pueden marcar la diferencia en el día a día laboral:
- Reducir el estrés laboral
El estrés crónico incrementa la percepción del dolor y la fatiga. Aprender a gestionarlo no es solo recomendable, sino una intervención terapéutica en sí misma. - Cuidar la ergonomía
Adaptar el puesto de trabajo y mantener una postura adecuada ayuda a reducir la sobrecarga muscular y prevenir el aumento del dolor. - Trabajar por bloques y hacer pausas
Organizar la jornada en tareas estructuradas e incorporar descansos programados permite evitar la sobrecarga física y cognitiva. - Incorporar técnicas de respiración y relajación
La respiración diafragmática, por ejemplo, contribuye a disminuir la activación del sistema nervioso y favorece la recuperación durante la jornada. - Priorizar el descanso y el sueño
El sueño reparador es uno de los pilares fundamentales para reducir la fatiga y mejorar el rendimiento laboral. - Planificar y organizar las tareas
El uso de listas, recordatorios o herramientas de planificación puede ayudar a compensar dificultades cognitivas como la “niebla mental”. - Fomentar la comunicación en el entorno laboral
Expresar las necesidades y limitaciones de forma asertiva facilita la adaptación del puesto de trabajo y reduce conflictos.
Escuchar el cuerpo: el papel del registro de síntomas
Uno de los aspectos más destacados de la charla fue la importancia de llevar un registro del dolor, la actividad y el sueño. Esta herramienta permite identificar patrones, detectar desencadenantes y anticiparse a posibles crisis.
Lejos de ser un ejercicio complejo, se trata de una estrategia de autoconocimiento que empodera a la persona y facilita la toma de decisiones en su día a día.
Autocuidado y adaptación: claves para la continuidad laboral
En el caso del síndrome de fatiga crónica, Sandra Fares incidió especialmente en la necesidad de gestionar la energía, evitando el sobreesfuerzo y respetando los límites del cuerpo. Trabajar por debajo del máximo nivel de capacidad, alternar tareas y planificar descansos son medidas esenciales para prevenir recaídas.
Además, opciones como la flexibilidad horaria, el teletrabajo o la redistribución de tareas pueden ser determinantes para mantener la actividad laboral sin comprometer la salud.
Más allá del rendimiento: cuidar también la parte emocional
El autocuidado no se limita a lo físico. La gestión emocional es fundamental para afrontar el impacto de una enfermedad crónica en el ámbito laboral. Separar la productividad del valor personal, aceptar los límites y adaptar expectativas son aspectos clave para proteger la autoestima y el bienestar.
El autocuidado en el entorno laboral no es un complemento, sino una necesidad para las personas con fibromialgia y síndrome de fatiga crónica. Aplicar estrategias adecuadas, conocer los propios límites y promover entornos laborales más flexibles y comprensivos son pasos fundamentales para avanzar hacia una mayor calidad de vida.
Desde AFIBROM, seguimos apostando por espacios de información y formación que contribuyan a mejorar el día a día de las personas afectadas, poniendo el foco en aquello que realmente importa: su salud, su bienestar y su derecho a una vida laboral digna.






